Al infierno sabe mejor

El blog de las salsas picantes

Probando el fuego desde 1987

Rafael Salgado, Ginos y las cadenas comerciales

Escrito por alinfiernosabemejor 25-07-2014 en salsa comercial. Comentarios (0)

El otro día comí en el Ginos, el popular restaurante italiano de la cadena del Grupo Vips.

Con independencia de la valoración del restaurante, que no me compete aquí, hay que decir que en términos generales no está mal, pero seamos sinceros, no deja de ser una cadena y por tanto, la comida es, por definición, regular.

Sin embargo, el hecho de que sea una cadena te permite que te encuentres platos tan populares como las “italianas” patatas con salmón y salsa holandesa en todos los restaurantes del grupo (Vips, Ginos, Tattaglia, Lucca…)

Y también te permite que desde que tuviste consciencia hasta ahora, puedas encontrarte el aceite Rafael Salgado con sus guindillitas dentro. Tenía un maravilloso recuerdo de este aceite desde que era pequeño, y probablemente fue una de las primeras salsas picantes que hubiese probado en mi vida. Con los inmensos conocimientos adquiridos tras 18 años, ahora puedo sustituir aquel recuerdo por una nueva perspectiva basada en la experiencia, y colocar a este aceite en el lugar en el que se merece: las revistas del corazón.

En cuanto probé de nuevo la salsa me imaginé siendo una señora con rulos en la peluquería leyendo una revista. La revista es el cebo fácil de la información popular e insustancial para sentir que haces algo con la pérdida de tiempo en la peluquería. Rafael salgado es el cebo fácil de una salsa popular e insustancial para sentir que haces algo con tu comida de restaurante italiano de cadena.

No es mala, ojo. Simplemente es “popular”, una salsa uniforme de restaurante de cadena, para que guste a cuanta más gente mejor. Eso sí, con una presentación de puta madre.

Nada más ver la botella, y por el contexto, te imaginas que ha venido el cocinero gordo y con bigote de Ginos desde Italia recorriendo primero las estrechas carreteras de montaña en un clásico escarabajo, montándose en un barco hasta España y recorriendo Castilla en tren para llegar a tu Ginos y exprimir las aceitunas en prensa manual y mezclar su jugo con las guindillas desecadas en la ventana de la casa de su mamma.

Detén a tu imaginación aquí. Te la han colado, este aceite está diseñado para que te guste a tí, para que me guste a mí y para que le guste al 98% de la población, incluyendo al desgraciado Edmundo.

Se trata de un aceite de oliva con un sabor muy suave y con guindillitas secas. Si no te gusta el picante y te echas un poco no vas a notar el picante, pero te vas a creer que le has dado tu toque particular al plato. Si te gusta el picante, vas a tener que comerte una sopa de aceite antes de que te empiece a picar, pero aquí viene lo bueno: el sabor neutro de su aceite no tapa los ingredientes de tu plato por mucho aceite que te eches. Todos contentos, porque además el aceite de oliva es la hostia, o eso dicen, así que pasándote de rosca en la pizza te conviertes en todo un sanote de la trilogía mediterránea. Es un picor agradable y nada molesto con independencia de la cantidad, pero esta tendencia tan descaradamente comercial es lo que precisamente hace que mi valoración del aceite sea media: el objetivo es que le guste a una gran masa de comensales acríticos, y eso con una salsa picante no debe ocurrir, debe haber fanáticos y detractores, algo que no se conseguirá con este aceite que para Ginos es un éxito comercial y para mí un fracaso de identidad.

Experiencia general: 7

Picante: 5

Diversión: 6

Sabor: 6

Presentación: 8

Adaptabilidad a comidas: 7


El Tabasco da asco

Escrito por alinfiernosabemejor 19-07-2014 en tabasco. Comentarios (0)

Hace unos días tuve un juicio en Barcelona. Para descansar, elegí a última hora el Hotel Roger de Lluria, la única de las opciones ante una ciudad abarrotada de giris y convenciones de negocios preveraniegas que apuran hasta el último día. No vayáis a este hotel. No, en serio, no lo hagáis.

Llegué tarde y estaba cansado. La habitación y la cama eran pequeñas, las vistas de la ventana daban a un patio interior y como hilo musical chillidos de “get out!” en la habitación 407 (un niño se metía a hurtadillas en la cama de sus padres y su madre quería compartir con los huéspedes su enfado), y una duchita ruidosa en la habitación 409. Al menos podía irme quedando frito mientras veía algo en la televis… ¿Pero qué coño es esto?

Vaya repertorio de canales de mierda... Es mierda, sobre todo, porque no se entiende cómo en un hotel catalán las opciones públicas nacionales puedan ser Telemadrid y Canalsur. Estaba claro que debía quedarme frito cuanto antes, por lo que puse a un secuestro en la tele brasileña para esperar al que supuestamente debería ser el megahit del hotel: el desayuno.

7:30, cita con el buffet libre. Me gusta coger un poco de esto y de lo otro, hasta proveerme de dos zumos, dos cafés y un plato de categoría de "F6-plato combinado" en la escala de Fujita. Hasta aquí todas las pegas del hotel no me parecieron suficientes como para sentenciarlo a una cruel crítica, pero deseé no haber pisado nunca Barcelona: El hotel había puesto Tabasco en el desayuno.

¿¡Tabasco!?, ¿Están de coña?. Sin duda el hotel había tocado fondo con este detalle. Salsa picante en el desayuno, sí; pero no Tabasco, ¡por Dios!.

La desgracia comenzó por primera vez cuando en 1868, Edmund McIlhenny, se encontró en su casa de Louisiana (otra vez los de Louisiana...) unos pimientos tabascos (oriundos del Estado de Tabasco, México) que había olvidado en un frasco lleno de vinagre y sal. Por su sabor, dudo si el frasco contenía también sudor. Pensó que un alimento podrido durante tres años bastaría para llevarle a la fama. Y tuviste razón, Edmundo, has conseguido que en el año 2014 haya gente que te siga detestando públicamente. 

Y es que el Tabasco es la salsa más insulsa que puedas probar. Su sabor ácido, amargo y salado y su picor impersonal barren como una bomba atómica la gracia de cualquier comida. Simplemente se la cargan, la aniquilan sin aportar nada nuevo. Se trata de una salsa matacomidas y encima es popular: nos encontramos ante un auténtico peligro público. Al Qaeda, al lado de Edmundo sois los becarios del terrorismo.

En serio, no hay nada peor que ir a un restaurante, pedir salsa picante y que te den Tabasco como si eso tuviese categoría suficiente para aderezar cualquier comida, o como si fuese aplicable a cualquier plato. Este detalle es sinónimo de impersonalidad y desidia culinaria, y debe ser, en mi opinión, duramente castigado. Siempre se agradece un intento del dueño por hacer una salsa picante propia, sea buena o mala (dentro de los parámetros normales de salubridad y digeribilidad), como por ejemplo la del restaurante italiano de San José que pone las mejores pizzas que he probado nunca, aunque esto es competencia de mi amigo Daniel. La salsa de este sitio no deja de ser aceitaco. Eso sí, de oliva revirgen plus extra con guindillitas en el fondo. No aporta casi nada realmente, pero te respeta el sabor normal de las cosas con un toque picante, agradable y muy educado, dado que no adquiere un protagonismo innecesario en cuanto a sabor pero te permite seguir a lo tuyo (la pizza), recordándote constantemente que has vertido acertadamente en ella la picante esencia de una romántica aceitera mágica.

Además de con la mierda, el Tabasco pega (siempre como último recurso) en platos en los que ya sabes de antemano que no vas a disfrutar, ya que en cuanto el tabasco toca la comida, ésta se convierte también en mierda.

Lo importante es que hayáis captado el mensaje: Salsa picante no es sinónimo de Salsa Tabasco.

Experiencia general: 3,5

Picante: 6

Diversión: 3

Sabor: 3

Presentación: 7

Adaptabilidad a comidas: 0,5


PD: He retrasado tanto esta actualización porque blogspot debe ser como el tabasco: una mierda. No me deja subir fotos estos días, pero a cambio os podéis autoilustrar con los infinitos links del texto. ¿Hay algo más bonito que ser autodidacta? Ánimo.

Pain is Good - Louisiana Style

Escrito por alinfiernosabemejor 05-07-2014 en louisiana. Comentarios (0)

Pain is good, Louisiana Style

El otro día, mi amigo Pablo Morán me trajo de su viaje a Berlín un frasco de salsa picante en el que aparecía en la etiqueta un niño gordo chillando. Ya me avisó por facebook desde Berlín: “Te he comprado una mierda asquerosa con un envoltorio asqueroso que lo vas a flipar.” Pero, ¿Quién es el niño y porqué está gordo? ¿Cuándo y dónde fotografiaron al niño de la etiqueta? ¿Quién es tan cabrón de vender esta salsa? ¿Es pura fachada, o de verdad pica a morir? Era hora de comprobarlo y, por primera vez, compartirlo.

Tras un poco de investigación, resulta que la salsa es americana y no alemana, por lo que ya sabemos que el niño es americano (concretamente del Estado de Louisiana) y que, muy probablemente, hubiese probado la salsa con patatas fritas o con un helado de un litro al lado. La empresa que se encarga de su distribución es de unos descerebrados que se han propuesto joder a la gente con todo este repertorio:

Repertorio de salsas picantes


Pero no contentos con eso, les da para hacer merchandising y vender posters y gorras. ¿En serio es para tanto? Putos americanos…

Gorra macarra

Sí, esto es un poster...

Entrando ya en la cata propiamente dicha, su aspecto heterogéneo te alerta de lo que estás a punto de hacer: es una especie de puré rojo concentrado con pepitas y trozos de guindilla que amenazan con la determinante promesa de quebrarte la vida y joderte el resto de la comida. Mal asunto.

En la degustación sorprende el sabor tan original y agradable a barbacoa que tiene el primero de los intentos, y la salivación casi instantánea anticipa el picor que se sufre pasados los 6-7 segundos. Es un picante sincero, de estos que se manifiestan desde el primer momento y te avisan de que la has cagado desde el instante en que se te ocurrió probarlo.

El picor es similar al de las salsas chinas de guindilla que venden con un taponcito verde, pero este dura más y expande su ardor por lengua y paredes de la boca. Soplar o beber agua no hará más que invocar al abrasivo Satán en tu interior, pero debe mantenerse la calma para evitar ser poseído por una sensación que comienza a volverse dañina, pues ya he aprendido que lo que toca en estas situaciones es asumir las consecuencias del camino elegido.

A pesar de que el etiquetado recomienda la salsa para mariscos (sólo un gastroanarquista podría proponer ese uso), diría que es una salsa pensada para carnes rojas en pequeña proporción, aunque cualquier proporción de esta salsa resulta excesiva por su intensidad. En el fondo llegué a desear que no picase tanto para poder imaginarme comiéndome un chuletón y degustando el recuerdo a barbacoa.

La experiencia terminó siendo desastrosa, dado que no pude completarla del todo .En esta vida, cuando tienes un tiempo limitado para comer, tienes que optar entre disfrutar de un nuevo picante, que conlleva su duelo por las papilas gustativas caídas en combate a cada cucharada, u optar entre alimentarte. En mi intento de simultanear ambas, eché el picante a la vichissoise que me había preparado y tengo que reconocer que por primera vez en mi vida el picante me ha ganado: tuve que tirar el plato y hacerme una ensalada fresquita. Aunque hay que reconocer que echar picante a una crema no es muy apropiado.

Pese a esta pelea con la salsa, no terminé de entender la hasta-entonces-injustificada etiqueta con la cara del niño gordo americano llorando como un descosido, que cobra todo el sentido cuando el bífidus activo-terrorista de la salsa te remata en el episodio final de la digestión, llegando a la conclusión de que al niño gordo le debieron de fotografiar en el WC.

Además, ha merecido la pena la experiencia porque la reencarnación de Belcebú ha impulsado que haga este blog de salsas picantes para aparecerse en vuestras casas y arrastraros al infierno.

Experiencia general: 8,5

Picante: 9

Sabor: 9

Presentación: 8,5

Adaptabilidad a comidas: 7