Al infierno sabe mejor

Pain is Good - Louisiana Style

Pain is good, Louisiana Style

El otro día, mi amigo Pablo Morán me trajo de su viaje a Berlín un frasco de salsa picante en el que aparecía en la etiqueta un niño gordo chillando. Ya me avisó por facebook desde Berlín: “Te he comprado una mierda asquerosa con un envoltorio asqueroso que lo vas a flipar.” Pero, ¿Quién es el niño y porqué está gordo? ¿Cuándo y dónde fotografiaron al niño de la etiqueta? ¿Quién es tan cabrón de vender esta salsa? ¿Es pura fachada, o de verdad pica a morir? Era hora de comprobarlo y, por primera vez, compartirlo.

Tras un poco de investigación, resulta que la salsa es americana y no alemana, por lo que ya sabemos que el niño es americano (concretamente del Estado de Louisiana) y que, muy probablemente, hubiese probado la salsa con patatas fritas o con un helado de un litro al lado. La empresa que se encarga de su distribución es de unos descerebrados que se han propuesto joder a la gente con todo este repertorio:

Repertorio de salsas picantes


Pero no contentos con eso, les da para hacer merchandising y vender posters y gorras. ¿En serio es para tanto? Putos americanos…

Gorra macarra

Sí, esto es un poster...

Entrando ya en la cata propiamente dicha, su aspecto heterogéneo te alerta de lo que estás a punto de hacer: es una especie de puré rojo concentrado con pepitas y trozos de guindilla que amenazan con la determinante promesa de quebrarte la vida y joderte el resto de la comida. Mal asunto.

En la degustación sorprende el sabor tan original y agradable a barbacoa que tiene el primero de los intentos, y la salivación casi instantánea anticipa el picor que se sufre pasados los 6-7 segundos. Es un picante sincero, de estos que se manifiestan desde el primer momento y te avisan de que la has cagado desde el instante en que se te ocurrió probarlo.

El picor es similar al de las salsas chinas de guindilla que venden con un taponcito verde, pero este dura más y expande su ardor por lengua y paredes de la boca. Soplar o beber agua no hará más que invocar al abrasivo Satán en tu interior, pero debe mantenerse la calma para evitar ser poseído por una sensación que comienza a volverse dañina, pues ya he aprendido que lo que toca en estas situaciones es asumir las consecuencias del camino elegido.

A pesar de que el etiquetado recomienda la salsa para mariscos (sólo un gastroanarquista podría proponer ese uso), diría que es una salsa pensada para carnes rojas en pequeña proporción, aunque cualquier proporción de esta salsa resulta excesiva por su intensidad. En el fondo llegué a desear que no picase tanto para poder imaginarme comiéndome un chuletón y degustando el recuerdo a barbacoa.

La experiencia terminó siendo desastrosa, dado que no pude completarla del todo .En esta vida, cuando tienes un tiempo limitado para comer, tienes que optar entre disfrutar de un nuevo picante, que conlleva su duelo por las papilas gustativas caídas en combate a cada cucharada, u optar entre alimentarte. En mi intento de simultanear ambas, eché el picante a la vichissoise que me había preparado y tengo que reconocer que por primera vez en mi vida el picante me ha ganado: tuve que tirar el plato y hacerme una ensalada fresquita. Aunque hay que reconocer que echar picante a una crema no es muy apropiado.

Pese a esta pelea con la salsa, no terminé de entender la hasta-entonces-injustificada etiqueta con la cara del niño gordo americano llorando como un descosido, que cobra todo el sentido cuando el bífidus activo-terrorista de la salsa te remata en el episodio final de la digestión, llegando a la conclusión de que al niño gordo le debieron de fotografiar en el WC.

Además, ha merecido la pena la experiencia porque la reencarnación de Belcebú ha impulsado que haga este blog de salsas picantes para aparecerse en vuestras casas y arrastraros al infierno.

Experiencia general: 8,5

Picante: 9

Sabor: 9

Presentación: 8,5

Adaptabilidad a comidas: 7


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